lunes, 29 de julio de 2013

El periodismo y los sanitarios

Casi una semana después del trágico accidente de un tren en las cercanías de Santiago de Compostela con numerosas victimas mortales, el periodismo de este país ha demostrado que no merece ese nombre.

Antes de empezar, quiero dar mi pésame a las familias y amigos de los fallecidos, así como mi apoyo y ánimos a todos aquellos que pueden contarlo, sobre todo a los que les queda un camino muy largo para recuperarse totalmente.

Como decía, según tengo entendido, el periodismo debe informar, verazmente.

Estamos acostumbrados a que las noticias se escriban atendiendo a uno u otro dato, según la línea editorial e ideológica del medio de comunicación.

Comprendo que un titular vende periódicos y genera audiencia, y que no hay nada como tirar de la humanidad o sensibilidad de la gente, eso que consigue que en tu interior algo haga clic y se te salten las lágrimas o se erice la piel de orgullo.

No voy a entrar en imágenes más o menos duras vistas en la televisión o impresas a color a toda página.

Mi escrito surge de una información sesgada, poco informada, no sé si intencionadamente o no, que puede tener consecuencias no deseadas, al menos desde el punto de vista de los profesionales sanitarios.

Desde el primer momento, aparte de buscar un culpable (a veces la presunción de inocencia se diluye como un azucarillo en el café demasiado amargo del titular impresionante), se halagó, se repitió hasta la saciedad su hazaña y se encumbró a los altares, de esta España aún demasiado clericalizada, a las personas de Angrois que se lanzaron a auxiliar a los heridos.

Un gesto noble, un gesto necesario, un gesto loable… ¿pero fue seguro?

En los primeros auxilios existen unas máximas que se repiten hasta que se te graban a fuego:
“Garantiza tu seguridad, no conviene que por una imprudencia haya que atender a dos en lugar de a uno.”
“Si no estás totalmente seguro de lo que se debe hacer, es mejor no hacer nada.”

No hablo sólo de masajes cardiacos, compresiones para detener hemorragias (me pregunto cuantos torniquetes innecesarios y potencialmente peligrosos, se realizaron), movilización de personas con politraumatismos (¿se mantuvo la alineación corporal para evitar lesiones medulares?, ¿qué hay de los síndromes de aplastamiento?, ¿y lesiones vasculares o incluso convertir fracturas cerradas en abiertas por una deficiente valoración de la situación y no inmovilizar miembros antes de evacuar al accidentado del tren?), pero también muy importante ¿y la seguridad de los pobladores voluntariosos de Angrois? ¿guantes?, ¿cortes con los hierros del tren siniestrado (alguien ha planteado una profilaxis antitetánica o todo el pueblo estaba correctamente vacunado?), hubo una explosión, ¿había fuego?, ¿podía haberse producido otra?
Los perímetros de seguridad no se ponen para evitar curiosos, se levantan para proteger a la población, a los profesionales que están trabajando en el interior y a las víctimas. Cuando se levantó el perímetro de seguridad, ¿continuaron los voluntariosos hombres y mujeres de Angrois en su interior? No lo sé, pero me temo que sí.

Para los medios de comunicación, los que evitaron más muertos fueron los habitantes de Angrois. Nos toca la parte del subconsciente en la que guardamos la historia de héroes y películas de efectos especiales millonarios de Hollywood y aplaudimos como al salir los créditos. Esperemos que fuera así y que no se produjeran mayores daños por actuar con desconocimiento. Seguramente nunca lo sabremos.

Las mujeres de Angrois fueron las “enfermeras” del accidente, porque según alguna cadena televisiva, limpiaron la sangre y reconfortaron a las víctimas. Una enfermera hace mucho más que eso en una catástrofe y en su trabajo diario. Habría sido más acertado decir que se convirtieron en “madres” de las víctimas, pero no enfermeras. Por los medios parece que los médicos y enfermeras esperaban en los hospitales, sólo atendían los pobladores de Angrois.

Si los medios se informaran mejor, para informar mejor y no sólo para vender, pondrían el foco en otros aspectos del accidente. Y quizás, en lugar de informar con una clara orientación hacia buscar culpables del gran número de muertos (maquinista, coordinación de emergencias, traslados a hospital x o y…),  tendríamos una visión más clara y sin sectarismos de la situación y, por qué no, en colaboración con las autoridades y los profesionales sanitarios podríamos ver especiales, escritos y en televisión, de qué debe hacer un ciudadano ante un accidente, cómo actuar, a quién avisar, cómo mover o no a las víctimas… y no sólo amarillismo barato.

Lamentablemente, parece que sólo interesa la lagrima fácil, el utilizar cualquier documento oficial para buscar errores… los profesionales sanitarios sólo interesan para que digan que jamás vieron una escena tan dantesca, lo que eleva la gravedad o la gloria de lo que los medios quieren condenar o santificar.

Agradezco las buenas intenciones de los voluntarios, aplaudo su actuación siempre que fuera con conocimiento de lo que estaban haciendo y espero que nunca nadie se meta en camisa de once varas sin saber qué está haciendo sólo por querer comportarse como un héroe, porque puede salir bien, pero casi siempre sale mal.
Es necesario, y obligación nuestra, formar a la población en primeros auxilios.

martes, 30 de abril de 2013

Colocando las primeras baldosas amarillas

La semana pasada se produjo una doble buena noticia, la Asociación Española de Nomenclatura, Taxonomía y Diagnósticos de Enfermería (AENTDE) se introducía en las redes sociales (Twitter y Facebook), convirtiéndose en una institución más cercana y accesible, y unos pocos días antes se presentaba en sociedad la Red Española de Investigación en Taxonomías Enfermeras (REITEabierta a “tod@s l@s enfermer@s español@as investigador@s que quieran Sumar, investigando con estructuras de Grupo de Investigación (GITE) y Red de Investigación. AENTDE ofrece la Red (REITE); entre todos hemos de aportar los Grupos (GITE)”.

Siempre es una buena noticia que se fomente la investigación y mejor cuando se proporciona una herramienta que permitirá coordinar las líneas de investigación en NANDA-NOC-NIC. Junto al anuncio, en las últimas ediciones de las definiciones y clasificación de los diagnósticos enfermeros de NANDA International, de revisar todos los diagnósticos enfermeros, de normalizar los factores relacionados y las características definitorias, se abre un horizonte ilusionante ante nosotros, pues ambas iniciativas pueden significar el comienzo del camino  hacia la validación clínica de las taxonomías enfermeras.

Es importante, no sólo iniciar nuevos estudios de determinación de los factores relacionados o de riesgo como causas de las situaciones que definen las etiquetas diagnósticas, o las características definitorias que nos permiten afirmar que dicha situación se produce, también realizar una exhaustiva revisión bibliográfica para descubrir los estudios ya existentes que demuestran causalidad, como en el caso del riesgo de caídas, que no ha sido revisado por NANDA y, por tanto, continúa sin bibliografía asociada en las publicaciones bianuales y sin el nivel de evidencia que, fácilmente, puede superar el tan repetido 2.1 de NANDA-I.
Hablando de bibliografía, sería interesante que se dirigiera al usuario de las publicaciones de NANDA a los estudios específicos que sustentan la presencia de cada factor relacionado, de cada característica definitoria o de cada etiqueta diagnóstica, para facilitar la comprensión de los mismos y su adopción en la práctica clínica al conocer a qué hace referencia y en base a qué se ha asumido la asociación con los otros elementos del diagnóstico.

Pero no todo son los diagnósticos, tanto la Clasificación de Resultados Enfermeros (NOC) como la Clasificación de Intervenciones Enfermeras (NIC) precisan de validación clínica. ¿Veremos algún día las actividades de las diversas intervenciones con un nivel de evidencia o grado de recomendación individualizado y con su bibliografía adjunta o nos conformaremos con pensar que no pasará nunca de consenso de expertos?

Un punto aparte merece la NOC, que estableciendo las asociaciones de sus indicadores con los resultados puede asimismo echar un cable a las características definitorias de los diagnósticos y permitirá confirmar la presencia o no de un diagnóstico, como está demostrando Morales Asencio con sus trabajos.
Por otro lado, los indicadores del resultado “Integridad tisular: piel y mucosas” como eritema, necrosis, hidratación, crecimiento del vello cutáneo… parecen más específicos y más fáciles de valorar que las mucho más generales características definitorias de Deterioro de la integridad cutánea tales como “Destrucción de las capas de la piel”, Alteración de la superficie de la piel” o “Invasión de las estructuras corporales”.
Además es importante determinar procedimientos diagnósticos que permitan, tanto medir de forma inequívoca las características definitorias. En algunos casos bastará con la observación (realizada de una forma determinada), pero en otros como en las características definitorias de “Intolerancia a la actividad” quizás sea necesario realizar una prueba de esfuerzo  o un test de marcha de 6 minutos para afirmar que el diagnóstico está presente.

En resumen, es imprescindible investigar, realizar estudios de casos-control, de cohortes, ensayos clínicos aleatorizados… y hoy, AENTDE, nos da un empujoncillo para ello. No dejemos pasar la oportunidad.

sábado, 23 de marzo de 2013

¿Autocuidado basado en la evidencia?



Todos los profesionales de la Enfermería hemos oído hablar de la Práctica Basada en la Evidencia (PBE) o, al menos, que debemos desterrar el “siempre se ha hecho así” por intervenciones sustentadas en los resultados de la investigación científica.
Si ya se encuentran dificultades a la hora de implantar la PBE en el entorno laboral con los profesionales, podemos imaginar las dificultades que pueden presentarse a la hora de que las personas destierren mitos y costumbres equivocadas muy arraigadas para seguir las recomendaciones (basadas en pruebas) para mejorar su autocuidado.
Son muchos los ejemplos que podríamos poner, desde la automedicación con antibióticos ante un simple resfriado al manejo de uno de los motivos más frecuentes de consulta, la fiebre.
De este modo, la toma de antipiréticos con temperaturas menores de 38oC, incluso antibióticos o el abrigar a las personas “porque hay que sudar la fiebre” es algo común y resiste a las recomendaciones del personal sanitario.
Es difícil cambiar las creencias y desterrar las recetas de la abuela, es fácil comprobarlo en conversaciones con amigos, familiares o conocidos que, pese a lo que las recomendaciones y mil explicaciones que des, continúan con los tratamientos tradicionales. Y es que están muy arraigados en el acervo cultural y se guardan vinculados a las experiencias infantiles de malestar, miedo que se contrarrestaban con el apoyo familiar en el entorno seguro de nuestro hogar.
¿Cómo cambiar la situación? ¿Cuáles son las intervenciones más efectivas para eliminar esas conductas? Algunos estudios apuntan que la educación sanitaria, aumentar el conocimiento, del paciente no se relaciona siempre con un cambio de la conducta, pero seguro que ayuda. Desde hace tiempo se plantean también otras intervenciones, como el conseguir que el paciente se implique más en su autocuidado, educación por personas no sanitarias con el mismo proceso…
Existen dificultades importantes para conseguir nuestro objetivo, siendo quizás la principal la variabilidad en la práctica clínica (de nuevo se hace imprescindible la implantación de PBE) que puede llevar a la percepción de intervenciones/recomendaciones contradictorias por parte del personal sanitario. De hecho, en mi servicio de salud se incluye, en las encuestas a los pacientes, preguntas sobre la percepción de haber recibido información contradictoria y, es importante que los resultados sean buenos.
La cosa se complica cuando se recibe información poco fiable de los mass media, internet, y el vecino del quinto al que el Myolastán (en el punto de mira de las autoridades sanitarias europeas tras su retirada en Francia) le va de vicio cuando se ha levantado con tortícolis.
Cada vez más, muchas veces encuadrado en los procesos para asegurar la continuidad de los cuidados y evitar la variabilidad clínica, se realizan y entregan recomendaciones por escrito basadas en la evidencia y revisadas por comisiones de los servicios de salud y aumentan los protocolos que unifican intervenciones en todos los ámbitos asistenciales e incluso se prescriben páginas webs, a veces las propias del hospital, Área de Salud y/o se inician proyectos de telemedicina / teleenfermería.
Hay mucho trabajo por delante, muchos estudios que realizar y Enfermería ha de jugar un papel muy importante en ello. El camino será duro, pero creo que el futuro es esperanzador y que llegará un momento en que nos extrañemos al escuchar que no se puede mover el brazo “porque te clavas la aguja de la vía”, que para entrar en calor es bueno tomar alcohol, tal y como se desterró el beber caldo de perros recién nacidos para el raquitismo o el vaso de vino con huevo para la astenia.
P.D. En relación a webs para pacientes donde conseguir información fiable he encontrado hace poco, a través de la web del Servicio Murciano de Salud la página http://www.informapacientes.es que permite realizar búsquedas sobre salud limitada a sitios fiables.

domingo, 27 de enero de 2013

35 años después… ¿si no está escrito no lo hago?



“La Ciencia avanza que es una barbaridad” y la Enfermería, como disciplina científica, también, aunque más despacio de lo que nos gustaría.

Desde 1977 estamos en la Universidad y, ahora, tenemos acceso al Doctorado, el máximo título académico que nos abre de par en par las puertas a la investigación.

La brecha entre investigación, desarrollo teórico de la disciplina y la práctica es real y se intenta reducir. La práctica en base a los resultados de las investigaciones, la famosa Práctica Basada en la Evidencia, no acaba de implantarse en los lugares de trabajo.
La realización de planes de cuidados, el uso de terminología estandarizada es de difícil comprensión para algunas enfermeras.

¿Cómo es posible que un profesional que ha sido formado en la Universidad para todo ello no sea capaz de realizarlo?

¿Hay una especie de fobia o miedo colectivo a traspasar “el techo de cristal” (que no sabemos donde empieza) por posibles represalias? Algo similar a ese miedo que se observa en muchas personas que, ante cualquier acto político o de defensa de derechos sociales, ven pululando a su alrededor los fantasmas de la Guerra Civil española.

Sólo así podría tener algo de sentido (casi ninguno), que un enfermero de las últimas promociones universitarias, ante la petición de los familiares de que se levante a su familiar al sillón, como se hizo en los días anteriores, diga que no es posible “porque el médico no lo ha escrito en el tratamiento”.

Si no es capaz de realizar esta simple intervención por un “Riesgo de deterioro de la integridad cutánea” o “Riesgo de síndrome de desuso”, para qué hablar de “Deterioro de la movilidad”, “Intolerancia a la actividad”, “Desequilibrio nutricional por defecto” o de “Dolor agudo” y, ya no te digo nada de “prescripción enfermera”.

Luego nos quejaremos de que la gente nos ve como ayudantes del médico… ¡Si hay enfermeros que se lo creen!

sábado, 1 de diciembre de 2012

A través del espejo y lo que yo encontré allí. La visión del paciente.



Los enfermeros que hemos pasado una buena parte de nuestra vida laboral en una unidad de hospitalización de agudos, somos conscientes de que muchas de las cosas que vemos con absoluta normalidad, son demasiado extrañas para las personas que tenemos ingresadas y sus seres allegados. También somos conscientes de que se producen eventos adversos y, también somos muchos, los que pensamos que el conocimiento de la existencia de los mismos debe ser el inicio de los pasos destinados a su eliminación.

Una de las herramientas para detectar problemas de calidad es la visión del usuario, ya sea mediante informes, encuestas y/o las sugerencias y quejas en el Servicio de Atención al Paciente.

Sin embargo, no somos, o al menos yo no lo era, conscientes de la importante repercusión en las personas a las que atendemos y sus familiares, de cosas, para nosotros, nimias o no tan nimias. Tampoco lo somos de la importancia de la retroalimentación  en nuestra relación terapéutica enfermero-paciente/familia ni de lo difícil que es “ponerse en  su piel” que diría Henderson y que nuestra compañera Rosa nos recuerda continuamente en su blog Enfermera 2.0: la mirada enfermera.
 
Nuestro conocimiento del entorno hospitalario, sus técnicas y todo lo relacionado con la salud y la enfermedad y las ingentes cargas de trabajo nos dificultan el ponernos en la piel del otro, pero hay que lograrlo, dando alas a esa retroalimentación y la oportunidad de que el paciente y su familia nos hablen claramente de lo que ellos ven, piensan, sienten y padecen en nuestro intimidante entorno laboral. Más cuando se encuentran bajo el efecto de un importante factor que afecta a varios aspectos de la vida del paciente ingresado y de sus familiares.

Recientemente he vivido, como persona allegada, la aventura de unos ingresos hospitalarios y he visto y, en ocasiones recibido, con la confianza y sinceridad con la que no nos hablan cuando estamos en el otro lado (porque somos completos desconocidos), las quejas, sugerencias, agradecimientos que surgen durante el proceso.

He de confesar que se han producido numerosos eventos adversos y que las quejas, la mayoría de las veces, estaban muy justificadas y, en otras, se debían al desconocimiento y a la ansiedad que producen situaciones a las que uno no está acostumbrado y no encuentra explicación ni, “por educación”, la solicitan, quedando, por tanto sin resolución.

Algunos eventos adversos no llegaron a tener consecuencias porque estaba yo, que, con la ventaja que supone el conocer la Historia Clínica, el acceso como profesional y compañero a los recursos y trabajadores, el conocimiento del entorno, tan hostil para los ajenos a él y, en definitiva, de los recovecos de la asistencia hospitalaria. Aún me pregunto ¿qué habría pasado de no estar un enfermero entre los allegados?

A modo de resumen os listaré algunas de las cosas que sucedieron:

-         No reiniciación de anticoagulación oral (suspendida por INR elevado) por no solicitud de estudio de coagulación en la analítica por su médico. Nadie se dio cuenta, ni siquiera las enfermeras que tenían que darle la medicación. Una vez solucionado y al preguntar al paciente el porqué de no preguntar por la anticoagulación, me responde que si no le daban la medicación anticoagulante sería “porque seguiría alta”. Ni él ni los familiares preguntaron por los resultados, ni por el fármaco anticoagulante. Está claro que algo estamos haciendo mal.

-          Retraso en la información sobre los resultados de una prueba de imagen importante por que el médico de guardia “no es capaz de localizar el informe en la historia clínica electrónica” y así lo refleja en la misma. Algo estamos haciendo mal si profesionales con largo tiempo trabajando con esta historia clínica electrónica no saben manejarla perfectamente.

-         Indicar al paciente que debe permanecer en ayunas por una prueba que no se realizaba ese día. Algo estamos haciendo mal cuando los familiares me llaman a mí para comprobar si son necesarias esas ayunas que le parecen extrañas, en lugar de consultarlo con la enfermera de ese turno.

-         Trasladar desde el Servicio de Urgencias a UCI a un paciente en estado crítico, habiendo informado el médico con anterioridad que existía posibilidad de fallecimiento, sin comentárselo a la familia que entra al box al ser requeridos por los profesionales y encuentran la cama donde estaba el paciente vacía, pensando que había muerto, mientras esperan que llegue el médico que les ha llamado. Algo estamos haciendo mal.

Lo curioso es que no se produjo ninguna reclamación formal y ni tan siquiera se comentó a los profesionales por el paciente ni por la familia, por lo que era imposible que se conociera el caso por la institución y otros profesionales para evitarlo en el futuro.

Algo estamos haciendo mal si nuestros usuarios no asumen su papel fundamental en la mejora de la calidad de nuestra atención con su retroalimentación. ¿Puede ser que teman represalias de algún tipo por comentarnos los fallos que detectan? No lo sé. Pero algo estamos haciendo mal.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Carnaval de Cuidados. #ICCuidados.



La publicación del RD 1093/2010, de 3 de septiembre, por el que se aprueba el conjunto mínimo de datos de los informes clínicos en el Sistema Nacional de Salud, y la finalización en el primer trimestre de este año del periodo para realizar los cambios en los informes ya existentes, ha generado un debate en las redes sociales y en el mundo real sobre la pertinencia del conjunto mínimo de datos que se establece para el Informe de Cuidados de Enfermería y su comprensión por los destinatarios, pacientes y otros profesionales de la sanidad, en particular los enfermeros.


Todo ello ha llevado a la convocatoria de un Carnaval de Salud por parte de Wikisanidad en el que queremos colaborar.

Es importante que recordemos el motivo por el que surgen los Informes de Alta de Enfermería que, desde el famoso Real Decreto, pasan a denominarse Informes de Cuidados de Enfermería.

Con una rápida, superficial y no estructurada búsqueda en CINAHL y PubMED sobre Alta de Enfermería (Nursing discharge), encontramos que es, a finales de la década de los 80 del siglo pasado, cuando comienza a utilizarse el término. El objetivo de este informe primitivo no es otro que transmitir información a los enfermeros que se ocuparán de los cuidados del paciente una vez haya sido dado de alta en el hospital.

En aquella lejana época no existía más Historia Clínica que la de papel y, era imposible el acceso a los datos de la misma por profesionales ajenos al hospital, incluso en él, era necesario solicitar “la historia antigua” si se quería acceder a datos de ingresos anteriores. En nuestro país, no era posible el acceso desde Atención Primaria a la Historia Clínica de Atención Especializada y viceversa. Cada paciente tenía varias historias repartidas por los distintos niveles asistenciales. La única solución era realizar un informe con los datos más relevantes de los cuidados realizados y los que debían seguir realizándose.

Y llegó la informatización, en primer lugar en Atención Primaria y luego en Atención Especializada. La solución estaba en las manos de los gestores y encargados de crear la Historia Clínica Electrónica. Todos los datos necesarios para la continuidad asistencial a un sólo click de ratón de distancia.

Pero la realidad fue diferente. No entraré a analizar las causas ni buscar culpables, pero en lugar de establecer un único formato para la Historia Clínica Electrónica y el uso de software, si no igual, sí compatible, se produjo todo lo contrario.

En el revuelto río de la digitalización y la transferencia de competencias en materia de sanidad a todas las Comunidades Autónomas, no sólo se utilizó distinto e incompatible software en cada una de ellas, si no que, además, en la misma Comunidad Autónoma, el sistema informático de Atención Primaria no era compatible con el de Atención Especializada. Una de las grandes ventajas que suponía la informatización tirada a ese gran río revuelto para siempre jamás.

De este modo, se perpetuaba la incomunicación entre profesionales y seguía siendo imprescindible la realización de un informe con datos relevantes de la asistencia sanitaria en el momento de la derivación.

La solución, el lenguaje SNOMED-CT y la creación de la Historia Clínica Digital del Sistema Nacional de Salud, con acceso desde cualquier lugar y por cualquier profesional, y compuesta por diversos documentos o informes, entre los que se encuentra el Informe de Cuidados de Enfermería. Por ello es importante establecer qué datos, como mínimo, debe tener cada uno de esos informes, tal y como ha hecho el RD 1093/2010.


Una vez que la Historia Clínica Digital del SNS entre en funcionamiento (cosa que no sé cuando acabaremos viendo), es necesario continuar garantizando el traspaso de información, al menos entre profesionales, entre los distintos niveles de atención., de la mejor forma posible.

La Historia Clínica es propiedad del paciente y debe tener acceso a ella y es importante la información sobre la asistencia prestada en cada proceso y por cada profesional, así como de lo que debe realizar el paciente (recomendaciones).

Las recomendaciones son diferentes para cada persona, dependiendo del nivel de conocimientos, la situación del proceso en el momento del alta, la existencia de cuidadores informales, la capacidad cognitiva, etc.

El propio Real Decreto al que hacemos referencia, contempla que cada Comunidad Autónoma puede realizar adiciones a sus documentos o informes, siempre y cuando mantenga el conjunto mínimo de datos. En nuestro caso, se ha incorporado un apartado de recomendaciones donde puede explicitarse todo aquello que requiera saber el paciente y que, previamente o en el momento de la derivación, se le ha explicado por parte de enfermería, tales como los cuidados de una herida quirúrgica para evitar la infección, la higiene postural tras la implantación de una prótesis de cadera, el manejo de fármacos o la prevención de úlceras por presión.
Además de este apartado, en nuestro Área de Salud, se están desarrollando recomendaciones generales para los pacientes sobre diversos temas que pueden adjuntarse al informe de cuidados de enfermería o darse en solitario en formato folleto, librito…, según el caso.

Por otra parte, para terminar, la información al paciente sobre la utilización de la taxonomía enfermera y de qué significa cada diagnóstico, cada resultado y cada intervención con un lenguaje claro y conciso, es fundamental para que el paciente sepa por qué y para qué se hacen determinadas cosas, a quién tiene que acudir para resolver dudas o problemas sobre esas cuestiones y que visibilice el trabajo de otros profesionales sanitarios aparte de los médicos.

Sería, pues, la misma situación que cuando un médico te dice que tienes varicela. Te explica (o así debería hacerse) qué es la varicela, qué objetivo queremos conseguir (en este caso la curación y la no aparición de complicaciones) y que hacer para ello.

Hay que decirles a los pacientes que hay (y por qué) un riesgo de infección, un deterioro de la movilidad física… y explicar que pretendemos lograr (teniendo en cuenta sus preferencias) y cómo vamos hacerlo (siempre con la mejor evidencia disponible, ya que la EBE y la Metodología enfermera deben ir juntas, como nos transmite el Dr. Brito en su blog.

miércoles, 10 de octubre de 2012

#TheCofiaDay o La presunción de culpabilidad


Hoy es 10 de octubre de 2012. 
Hoy es el día del primer The Cofia Day, iniciativa reivindicativa, originada en los blogs de La Comisión Gestora  El EnfermerActivista
como respuesta a una sentencia del  Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana
 que inhabilita a una enfermera por notorio incumplimiento de las funciones de su cargo”, en particular por “prescindir de la prescripción médica para el suministro de fármacos” en unos hechos sucedidos en el año 2006. No se juzga si el tratamiento era el indicado o no, si se realizó la administración con la técnica correcta o no, sólo se juzga que el fármaco no estaba prescrito por un médico.

Toda la resolución judicial se sustenta en “Estatuto de Personal Sanitario no facultativo de las Instituciones Sanitarias de la Seguridad Social, Orden de 26 de abril de 1973” que, por cierto, fue derogado en el año 2003.

Este hecho ya hace pensar que la Sentencia no es justa, siempre desde el punto de vista legal, por supuesto. Pero, aún merece la pena analizarla de otra manera.

Recuerdo que durante el segundo curso de mis estudios de Enfermería, en la Universidad, tuve que estudiar y asimilar una asignatura que se denominaba “Ética y Legislación en Enfermería”, durante todo el año interioricé palabras, tan escuchadas en las películas de abogados, como daño, culpa, dolo, negligencia, intrusismo, impericia, imprudencia, homicidio involuntario, denegación de auxilio… que incluso llegué a pensar que Perry Mason había estudiado Enfermería para saber tanto de Derecho.

Pero también escuché, aprendí, asimilé e interioricé otro concepto jurídico:

LEX ARTIS AD HOC

Un latinismo poco prodigado en el cine, pero que aparecía como tabla salvadora, en medio del horrible futuro que nos deparaba el ejercicio de nuestra profesión sanitaria, rodeados de denuncias por mala praxis y mil cosas más que te hacían plantearte el llegar a trabajar de enfermero algún día, tras valorar la relación riesgo-beneficio.

Esa Lex Artis ad hoc es la que se debía tener en cuenta en el caso de la sentencia inhabilitadora, al margen de órdenes derogadas o decretos-leyes de medicamentos, prescripciones colaborativas y demás.

La Lex Artis ad hoc no es otra cosa que “la que se toma en consideración respecto del caso concreto en que se produce la actuación o intervención médica y las circunstancias en las que las mismas se desarrollan y tienen lugar, así como respecto de las incidencias inseparables en el normal actuar profesional”.  
Mas información en este documento del CGE.

Y es la que nos da un respaldo legal en una profesión, como todas las sanitarias, que avanza y adquiere nuevas competencias profesionales tan vertiginosamente que es imposible adaptar la legislación a la realidad actual.

Las enfermeras administran y utilizan, a diario, fármacos y productos sanitarios, sin previa prescripción médica, en su labor de prestar Cuidados Profesionales a las personas a las que atienden. Y da igual lo que digan las leyes, pues prevalece la Lex Artis ad hoc, y las leyes legislan la realidad que ella ya asume.

Debieran ser los organismos que se muestran como defensores de la Enfermería (Colegios y Consejo de Enfermería, Sindicatos y Asociaciones Profesionales), los garantes de que sentencias así no se produzcan y, en caso de producirse, deben “remover Roma con Santiago” para que se invaliden.

La administración de fármacos y productos sanitarios sin prescripción por los enfermeros está respaldada por la Lex Artis al ser una actividad que se realiza diariamente en el ejercicio de la profesión.

Hoy, por toda España, cientos de enfermeros, secundando el “The Cofia Day”, trabajan, por un día, ignorando el avance de la profesión en los últimos 40 años para adaptarse a una legislación obsoleta, pues así lo ha dictaminado una sentencia judicial que aunque cree jurisprudencia es, cuanto menos, cuestionable.